{"id":11576,"date":"2020-10-08T14:46:52","date_gmt":"2020-10-08T18:46:52","guid":{"rendered":"https:\/\/sabereswp.saberesafricanos.net\/index.php\/2020\/10\/08\/jorge-luis-borges-quedo-ciego-a-los-55-anos-y-siguio-escribiendo-hasta-los-86\/"},"modified":"2020-10-08T14:46:52","modified_gmt":"2020-10-08T18:46:52","slug":"jorge-luis-borges-quedo-ciego-a-los-55-anos-y-siguio-escribiendo-hasta-los-86","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/sabereswp.saberesafricanos.net\/index.php\/2020\/10\/08\/jorge-luis-borges-quedo-ciego-a-los-55-anos-y-siguio-escribiendo-hasta-los-86\/","title":{"rendered":"Jorge Luis Borges, qued\u00f3 ciego a los 55 a\u00f1os y sigui\u00f3 escribiendo hasta los 86"},"content":{"rendered":"<p><img decoding=\"async\" class=\" size-full wp-image-11575\" src=\"https:\/\/sabereswp.saberesafricanos.net\/wp-content\/uploads\/2020\/10\/Jorge_Luis_Borges-c38.jpg\" alt=\"Jorge Luis Borges\" width=\"500\" dir=\"ltr\" style=\"border: 2px solid #ffffff; display: block; margin-left: auto; margin-right: auto;\" loading=\"lazy\" srcset=\"https:\/\/sabereswp.saberesafricanos.net\/wp-content\/uploads\/2020\/10\/Jorge_Luis_Borges-c38.jpg 480w, https:\/\/sabereswp.saberesafricanos.net\/wp-content\/uploads\/2020\/10\/Jorge_Luis_Borges-c38-300x225.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 480px) 100vw, 480px\" \/><\/p>\n<p>Entre los grandes escritores ciegos de la humanidad destacan Homero,&nbsp; Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s y Jorge Luis Borges. Este \u00faltimo sol\u00eda refererirse a su ceguera con excelentes discursos, llenos de ejemplos y figuras. Su ceguera fue progresiva, mientras esto pasaba pod{ia ver el marillo, el verde, el azul, fue estra\u00f1ando el rojo y el negro.&nbsp;<\/p>\n<p>De seguida, una conferencia dada por el famoso escritor argentino en 1977 sobre su ceguera y la discapacidad visual en general. Antol\u00f3gica:<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p><strong>&nbsp;Conferencia de Jorge Luis&nbsp; Borges:<\/strong><\/p>\n<blockquote>\n<p>En el decurso de mis muchas, de mis demasiadas conferencias, he observado que se prefiere lo personal a lo general, lo concreto a lo abstracto. Por consiguiente, empezar\u00e9 refiri\u00e9ndome a mi modesta ceguera personal. Modesta, en primer t\u00e9rmino, porque es ceguera total de un ojo, parcial del otro. Todav\u00eda puedo descifrar algunos colores, todav\u00eda puedo descifrar el verde y el azul. Hay un color que no me ha sido infiel, el color amarillo. Recuerdo que de chico (si mi hermana est\u00e1 aqu\u00ed lo recordar\u00e1 tambi\u00e9n) me demoraba ante unas jaulas del jard\u00edn zool\u00f3gico de Palermo y eran precisamente la jaula del tigre y la del leopardo. Me demoraba ante el oro y el negro del tigre; a\u00fan ahora, el amarillo sigue acompa\u00f1\u00e1ndome. He escrito un poema que se titula \u00abEl oro de los tigres\u00bb en que me refiero a esa amistad.<\/p>\n<p>Quiero pasar a un hecho que suele ignorarse y que no s\u00e9 si es de aplicaci\u00f3n general. La gente se imagina al ciego encerrado en un mundo negro. Hay un verso de Shakespeare que justificar\u00eda esa opini\u00f3n: \u00abLooking on darkness, wich the blind to do see\u00bb; \u00abmirando la oscuridad que ven los ciegos\u00bb. Si entendemos negrura por oscuridad, el verso de Shakespeare es falso.<\/p>\n<p>Uno de los colores que los ciegos (o en todo caso este ciego) extra\u00f1an es el negro; otro, el rojo. \u00abLe rouge et le noir\u00bb son los colores que nos faltan. A m\u00ed, que ten\u00eda la costumbre de dormir en plena oscuridad, me molest\u00f3 durante mucho tiempo tener que dormir en este mundo de neblina, de neblina verdosa o azulada y vagamente luminosa que es el mundo del ciego. Hubiera querido reclinarme en la oscuridad, apoyarme en la oscuridad. Al rojo lo veo como un vago marr\u00f3n. El mundo del ciego no es la noche que la gente supone. En todo caso estoy hablando en mi nombre y en nombre de mi padre y de mi abuela, que murieron ciegos; ciegos, sonrientes y valerosos, como yo tambi\u00e9n espero morir.<\/p>\n<p>&nbsp;Se heredan muchas cosas (la ceguera, por ejemplo), pero no se hereda el valor. S\u00e9 que fueron valientes.<\/p>\n<p>El ciego vive en un mundo bastante inc\u00f3modo, un mundo indefinido, del cual emerge alg\u00fan color: para m\u00ed, todav\u00eda el amarillo, todav\u00eda el azul (salvo que el azul puede ser verde), todav\u00eda el verde (salvo que el verde puede ser azul). El blanco ha desaparecido o se confunde con el gris. En cuanto al rojo, ha desaparecido del todo, pero espero alguna vez (estoy siguiendo un tratamiento) mejorar y poder ver ese gran color, ese color que resplandece en la poes\u00eda y que tiene tan lindos nombres en muchos idiomas. Pensemos en scharlach, en alem\u00e1n, scarlet en ingl\u00e9s, escarlata en espa\u00f1ol, \u00e9carlate en franc\u00e9s. Palabras que parecen dignas de ese gran color. En cambio, \u00abamarillo\u00bb suena d\u00e9bil en espa\u00f1ol; yellow en ingl\u00e9s, que se parece tanto a amarillo; creo que en espa\u00f1ol antiguo era amariello.<\/p>\n<p>Yo vivo en ese mundo de colores y quiero contar, ante todo, que si he hablado de mi modesta ceguera personal, lo hice porque no es esa ceguera perfecta en que piensa la gente; y en segundo lugar porque se trata de m\u00ed. Mi caso no es especialmente dram\u00e1tico. Es dram\u00e1tico el caso de aquellos que pierden bruscamente la vista: se trata de una fulminaci\u00f3n, de un eclipse; pero en el caso m\u00edo, ese lento crep\u00fasculo empez\u00f3 (esa lenta p\u00e9rdida de la vista) cuando empec\u00e9 a ver. Se ha extendido desde 1899 sin momentos dram\u00e1ticos, un lento crep\u00fasculo que dur\u00f3 m\u00e1s de medio siglo.<\/p>\n<p>Para los prop\u00f3sitos de esta conferencia debo buscar un momento pat\u00e9tico. Digamos, aquel en que supe que ya hab\u00eda perdido mi vista, mi vista de lector y de escritor. Por qu\u00e9 no fijar la fecha, tan digna de recordaci\u00f3n, de 1955. No me refiero a las \u00e9picas lluvias de septiembre; me refiero a una circunstancia personal.<\/p>\n<p>He recibido en mi vida muchos inmerecidos honores, pero hay uno que me alegr\u00f3 m\u00e1s que ning\u00fan otro: la direcci\u00f3n de la Biblioteca Nacional. Por razones menos literarias que pol\u00edticas, fui designado por el gobierno de la Revoluci\u00f3n Libertadora.<\/p>\n<p>Me vi nombrado director de la Biblioteca y volv\u00ed a aquella casa de la calle M\u00e9xico del barrio Monserrat, en el Sur, de la que ten\u00eda tantos recuerdos. Jam\u00e1s hab\u00eda so\u00f1ado con la posibilidad de ser director de la Biblioteca. Yo ten\u00eda recuerdos de otro orden. Iba con mi padre, de noche. Mi padre, que era profesor de psicolog\u00eda, ped\u00eda alg\u00fan libro de Bergson o de William James, que eran sus autores preferidos, o de Gustav Spiller. Yo, demasiado t\u00edmido para pedir un libro, buscaba alg\u00fan volumen de la Enciclopaedia Britannica o de las enciclopedias alemanas de Brockhaus o de Meyer. Tomaba un volumen al azar, lo sacaba de los anaqueles laterales, y le\u00eda.<\/p>\n<p>Recuerdo una noche en que me vi recompensado porque le\u00ed tres art\u00edculos: sobre los druidas, sobre los drusos y sobre Dryden, un regalo de las letras dr. Otras noches fui menos afortunado. Yo sab\u00eda, adem\u00e1s, que en esa casa estaba Groussac; hubiera podido conocerlo personalmente, pero yo era entonces, puedo decirlo, muy t\u00edmido: casi tan t\u00edmido como soy ahora. Entonces cre\u00eda que la timidez era muy importante y ahora s\u00e9 que la timidez es uno de los males que uno tiene que tratar de sobrellevar, y que realmente ser muy t\u00edmido no es importante, como tantas otras cosas a las que uno les otorga importancia exagerada. Recib\u00ed el nombramiento a fines de 1955; me hice cargo, pregunt\u00e9 el n\u00famero de vol\u00famenes, me dijeron que era un mill\u00f3n. Averig\u00fc\u00e9 despu\u00e9s que eran novecientos mil, una cifra m\u00e1s que suficiente. (Quiz\u00e1 novecientos mil parezca m\u00e1s que un mill\u00f3n: novecientos mil; en cambio, un mill\u00f3n se agota en seguida).<\/p>\n<p>Poco a poco fui comprendiendo la extra\u00f1a iron\u00eda de los hechos. Yo siempre me hab\u00eda imaginado el Para\u00edso bajo la especie de una biblioteca. Otras personas piensan en un jard\u00edn, otras pueden pensar en un palacio. Ah\u00ed estaba yo. Era, de alg\u00fan modo, el centro de novecientos mil vol\u00famenes en diversos idiomas. Comprob\u00e9 que apenas pod\u00eda descifrar las car\u00e1tulas y los lomos. Entonces escrib\u00ed el \u00abPoema de los dones\u00bb, que empieza: \u00abNadie rebaje a l\u00e1grima o reproche \/ esta declaraci\u00f3n de la maestr\u00eda \/ de Dios que con magn\u00edfica iron\u00eda \/ me dio a la vez los libros y la noche\u00bb. Esos dos dones que se contradicen: los muchos libros y la noche, la incapacidad de leerlos.<\/p>\n<p>Imagin\u00e9 autor del poema a Groussac, porque Groussac fue tambi\u00e9n director de la Biblioteca y tambi\u00e9n ciego. Groussac fue m\u00e1s valiente que yo; guard\u00f3 silencio. Pero pens\u00e9 que, sin duda, hab\u00eda instantes en que nuestras vidas coincid\u00edan, ya que los dos hab\u00edamos llegado a la ceguera y los dos am\u00e1bamos los libros. \u00c9l hab\u00eda honrado a la literatura con libros muy superiores a los m\u00edos. Pero, en fin, los dos \u00e9ramos hombres de letras y recorr\u00edamos la Biblioteca de libros vedados. Casi podr\u00edamos decir, para nuestros ojos oscuros, de libros en blanco, de libros sin letras. Escrib\u00ed sobre la iron\u00eda de Dios y al fin me pregunt\u00e9 cu\u00e1l de los dos hab\u00eda escrito ese poema de un yo plural y de una sola sombra.<\/p>\n<p>Ignoraba entonces que hubo otro director de la Biblioteca, Jos\u00e9 M\u00e1rmol, que tambi\u00e9n fue ciego. Aqu\u00ed aparece el n\u00famero tres, que cierra las cosas. Dos es una mera coincidencia; tres, una confirmaci\u00f3n. Una confirmaci\u00f3n de orden ternario, una confirmaci\u00f3n divina o teol\u00f3gica. M\u00e1rmol fue director de la Biblioteca cuando \u00e9sta estaba en la calle Venezuela.<\/p>\n<p>Ahora es costumbre hablar mal de M\u00e1rmol o no hablar de \u00e9l. Pero debemos recordar que cuando decimos \u00abel tiempo de Rosas\u00bb no pensamos en el admirable libro de Ramos Mej\u00eda Rosas y su tiempo; pensamos en el tiempo de Rosas que describe esa admirablemente chismosa novela Amalia, de Jos\u00e9 M\u00e1rmol. Haber legado la imagen de una \u00e9poca a un pa\u00eds no es escasa gloria; ojal\u00e1 yo pudiera contar con una parecida. La verdad es que siempre, cuando decimos \u00abel tiempo de Rosas\u00bb, estamos pensando en los mazorqueros que describi\u00f3 M\u00e1rmol, en las tertulias de Palermo, estamos pensando en las conversaciones de uno de los ministros del tirano y de Soler.<\/p>\n<p>Tenemos, pues, tres personas que recibieron igual destino. Y la alegr\u00eda de volver al barrio de Monserrat, en el Sur. Para todos los porte\u00f1os el Sur es, de un modo secreto, el centro secreto de Buenos Aires. No el otro centro, un poco ostentoso, que mostramos a los turistas (en aquellos tiempos no exist\u00eda esa publicidad que se llama Barrio de San Telmo). El Sur vendr\u00eda a ser el modesto centro secreto de Buenos Aires.<\/p>\n<p>Si yo pienso en Buenos Aires, pienso en el Buenos Aires que conoc\u00ed cuando era chico: de casas bajas, de patios, de zaguanes, de aljibes con una tortuga, de ventanas de reja, y ese Buenos Aires antes era todo Buenos Aires. Ahora s\u00f3lo se conserva en el barrio Sur; de modo que sent\u00ed que volv\u00eda al barrio de mis mayores. Cuando comprob\u00e9 que ah\u00ed estaban los libros, que ten\u00eda que preguntar a mis amigos el nombre de ellos, record\u00e9 una frase de Rudolf Steiner en su libro sobre antroposof\u00eda (que fue el nombre que dio a la teosof\u00eda). Dijo que cuando algo concluye, debemos pensar que algo comienza. El consejo es saludable, pero es de dif\u00edcil ejecuci\u00f3n, ya que sabemos lo que perdemos, no lo que ganaremos. Tenemos una imagen muy precisa, una imagen a veces desgarrada de lo que hemos perdido, pero ignoramos qu\u00e9 lo puede reemplazar, o suceder.<\/p>\n<p>Tom\u00e9 una decisi\u00f3n. Me dije: ya que he perdido el querido mundo de las apariencias, debo crear otra cosa: debo crear el futuro, lo que sucede al mundo visible que, de hecho, he perdido. Record\u00e9 unos libros que estaban en casa. Yo era profesor de literatura inglesa en nuestra Universidad. \u00bfQu\u00e9 pod\u00eda hacer para ense\u00f1ar esa casi infinita literatura, esa literatura que sin duda excede el t\u00e9rmino de la vida de un hombre o de las generaciones? \u00bfQu\u00e9 pod\u00eda hacer en cuatro meses argentinos de fechas patrias y de huelgas?<\/p>\n<p>Hice lo que pude para ense\u00f1ar el amor a esa literatura y me abstuve, en lo posible, de fechas y de nombres. Vinieron a verme unas alumnas que hab\u00edan dado examen y lo hab\u00edan aprobado. (Todas las alumnas pasaban conmigo, siempre trat\u00e9 de no aplazar a nadie; en diez a\u00f1os aplac\u00e9 a tres alumnos que insistieron en ser aplazados). A las ni\u00f1as (ser\u00edan nueve o diez) les dije: \u00abTengo una idea, ahora que ustedes han pasado y que yo he cumplido con mi deber de profesor. \u00bfNo ser\u00eda interesante que emprendi\u00e9ramos el estudio de un idioma y de una literatura que apenas conocemos?\u00bb. Me preguntaron cu\u00e1l era ese idioma y cu\u00e1l esa literatura. \u00abBueno, naturalmente el idioma ingl\u00e9s y la literatura inglesa. Vamos a empezar a estudiarlos, ahora que estamos libres de la frivolidad de los ex\u00e1menes; vamos a empezar por los or\u00edgenes\u00bb.<\/p>\n<p>Record\u00e9 que en casa hab\u00eda dos libros que pude recuperar porque los hab\u00eda puesto en el estante m\u00e1s alto, pensando que no iba a precisarlos nunca. Eran el Anglo-Saxon Reader de Sweet y la Cr\u00f3nica anglosajona. Los dos ten\u00edan glosario. Y nos reunimos una ma\u00f1ana en la Biblioteca Nacional.<\/p>\n<p>Pens\u00e9: he perdido el mundo visible pero ahora voy a recuperar otro, el mundo de mis lejanos mayores, aquellas tribus, aquellos hombres que atravesaron a remo los tempestuosos mares del Norte y que desde Dinamarca, desde Alemania y desde los Pa\u00edses Bajos conquistaron a Inglaterra; que se llama Inglaterra por ellos, ya que \u00abEngaland\u00bb, tierra de los anglos, antes se llamaba \u00abtierra de los britanos\u00bb, que eran celtas.<\/p>\n<p>Era un s\u00e1bado por la ma\u00f1ana, nos reunimos en el despacho de Groussac, y empezamos a leer. Hubo una circunstancia que nos alegr\u00f3 y que nos mortific\u00f3 pero que al mismo tiempo nos llen\u00f3 de cierta vanidad. Fue el hecho de que los sajones, como los escandinavos, usaban dos letras r\u00fanicas para significar los dos sonidos de la th, el de thing y el de the. Eso confer\u00eda a la p\u00e1gina un aire misterioso. Las hice dibujar en un pizarr\u00f3n.<\/p>\n<p>Bien: nos encontramos con un idioma que nos pareci\u00f3 distinto del ingl\u00e9s, parecido al alem\u00e1n. Ocurri\u00f3 lo que siempre ocurre cuando se estudia un idioma. Cada una de las palabras resalta como si estuviera grabada, como si fuera un talism\u00e1n. Por eso los versos en un idioma extranjero tienen un prestigio que no tienen en el idioma propio, porque se oye, porque se ve cada una de las palabras: pensamos en la belleza, en la fuerza, o simplemente en lo extra\u00f1o de ellas. Tuvimos buena suerte esa ma\u00f1ana. Descubrimos la frase, \u00abJulio C\u00e9sar fue de los romanos el primero que busc\u00f3 a Inglaterra\u00bb. Encontrarnos con los romanos en un texto del Norte, nos conmovi\u00f3. Recuerden ustedes que no sab\u00edamos nada del idioma, que lo le\u00edamos con lupa, que cada palabra era una suerte de talism\u00e1n que recobr\u00e1bamos. Encontramos dos palabras. Con esas dos palabras estuvimos casi ebrios; es verdad que yo era viejo y ellas eran j\u00f3venes (parece que son \u00e9pocas aptas para la embriaguez). Yo pensaba: \u00abestoy volviendo al idioma que hablaban mis mayores hace cincuenta generaciones; estoy volviendo a ese idioma, estoy recuper\u00e1ndolo. No es la primera vez que lo uso; cuando yo ten\u00eda otros nombres, yo habl\u00e9 este idioma\u00bb. Esas dos palabras fueron el nombre de Londres; Lundenburh, Londresburgo, y el nombre de Roma, que nos emocion\u00f3 m\u00e1s a\u00fan, por pensar en la luz de Roma que hab\u00eda ca\u00eddo sobre esas islas boreales perdidas, la Romeburh, la Romaburgo. Creo que salimos a la calle gritando Lundenburh, Romeburh\u2026<\/p>\n<p>As\u00ed empez\u00f3 el estudio del anglosaj\u00f3n, al que me llev\u00f3 la ceguera. Y ahora tengo la memoria llena de versos eleg\u00edacos, \u00e9picos, anglosajones.<\/p>\n<p>Hab\u00eda reemplazado el mundo visible por el mundo auditivo del idioma anglosaj\u00f3n. Despu\u00e9s pas\u00e9 a ese otro mundo, m\u00e1s rico y posterior, de la literatura escandinava: pas\u00e9 a las eddas y a las sagas. Luego escrib\u00ed Antiguas literaturas germ\u00e1nicas, escrib\u00ed muchos poemas basados en esos temas y sobre todo goc\u00e9 de esas literaturas. Y ahora tengo en preparaci\u00f3n un libro sobre literatura escandinava.<\/p>\n<p>No permit\u00ed que la ceguera me acobardara. Adem\u00e1s mi editor me dio una excelente noticia: me dijo que si yo le entregaba treinta poemas por a\u00f1o, \u00e9l pod\u00eda publicar un libro. Treinta poemas significan una disciplina, sobre todo cuando uno tiene que dictar cada l\u00ednea; pero, al mismo tiempo, la suficiente libertad, ya que es imposible que en un a\u00f1o no le ocurran a uno treinta ocasiones de poes\u00eda.<\/p>\n<p>La ceguera no ha sido para m\u00ed una desdicha total, no se la debe ver de un modo pat\u00e9tico. Debe verse como un modo de vida: es uno de los estilos de vida de los hombres.<\/p>\n<p>Ser ciego tiene sus ventajas. Yo le debo a la sombra algunos dones: le debo el anglosaj\u00f3n, mi escaso conocimiento del island\u00e9s, el goce de tantas l\u00edneas, de tantos versos, de tantos poemas, y de haber escrito otro libro, titulado con cierta falsedad, con cierta jactancia, Elogio de la sombra.<\/p>\n<p>Quiero hablar ahora de otros casos, de casos ilustres. Vamos a empezar por ese muy evidente ejemplo de la amistad, de la poes\u00eda, de la ceguera; por quien ha sido considerado el m\u00e1s alto de los poetas: Homero. (Sabemos de otro poeta griego ciego, Tamiris, cuya obra se ha perdido, y lo sabemos principalmente por una referencia de Milton, otro ilustre ciego. Tamiris fue vencido en un certamen por las musas, quienes rompieron su lira y le quitaron la vista).<\/p>\n<p>Existe una hip\u00f3tesis muy curiosa, que no creo que sea hist\u00f3rica, pero que es intelectualmente agradable, de Oscar Wilde. En general, los escritores tratan de que lo que dicen parezca profundo; Wilde era un hombre profundo que trataba de parecer fr\u00edvolo. Sin embargo, quer\u00eda que lo imagin\u00e1ramos como un conversador, quer\u00eda que pens\u00e1ramos en \u00e9l como Plat\u00f3n pensaba de la poes\u00eda, \u00abesa cosa liviana, alada y sagrada\u00bb. Pues bien, esa cosa liviana, alada y sagrada que fue Oscar Wilde, dijo que la Antig\u00fcedad hab\u00eda representado a Homero como un poeta ciego, y que hab\u00eda procedido deliberadamente.<\/p>\n<p>No sabemos si Homero existi\u00f3. El hecho de que siete ciudades se disputaran su nombre basta para hacernos dudar de su historicidad. Quiz\u00e1 no hubo un Homero, hubo muchos griegos que ocultamos bajo el nombre de Homero. Las tradiciones son un\u00e1nimes en mostrarnos un poeta ciego; sin embargo, la poes\u00eda de Homero es visual, muchas veces espl\u00e9ndidamente visual; como lo fue, en menor grado desde luego, la poes\u00eda de Oscar Wilde.<\/p>\n<p>Wilde se dio cuenta de que su poes\u00eda era demasiado visual y quiso curarse de ese defecto: quiso hacer poes\u00eda que fuera tambi\u00e9n auditiva, musical, digamos como la poes\u00eda de Tennyson o de Verlaine, a quienes \u00e9l quer\u00eda y admiraba tanto. Wilde se dijo: \u00abLos griegos sostuvieron que Homero era ciego para significar que la poes\u00eda no debe ser visual, que su deber es ser auditiva\u00bb. De ah\u00ed el \u00abde la musique avant toute chose\u00bb de Verlaine, de ah\u00ed el simbolismo contempor\u00e1neo de Wilde.<\/p>\n<p>Podemos pensar que Homero no existi\u00f3 pero que a los griegos les gustaba imaginarlo ciego para insistir en el hecho de que la poes\u00eda es ante todo m\u00fasica, que la poes\u00eda es ante todo la lira, y que lo visual puede existir o no existir en un poeta. Yo s\u00e9 de grandes poetas visuales y s\u00e9 de grandes poetas que no son visuales: poetas intelectuales, mentales, no hay por qu\u00e9 mencionar nombres.<\/p>\n<p>Pasemos al ejemplo de Milton. La ceguera de Milton fue voluntaria. Supo desde el principio que iba a ser un gran poeta. Esto le ocurri\u00f3 a otros poetas. Coleridge y De Quincey, antes de haber escrito una sola l\u00ednea, sab\u00edan que su destino ser\u00eda literario; yo tambi\u00e9n, si es que puedo mencionarme. Siempre he sentido que m\u00ed destino era, ante todo, un destino literario; es decir, que me suceder\u00edan muchas cosas malas y algunas cosas buenas. Pero siempre supe que todo eso, a la larga, se convertir\u00eda en palabras, sobre todo las cosas malas, ya que la felicidad no necesita ser transmutada: la felicidad es su propio fin.<\/p>\n<p>Volvamos a Milton. Gast\u00f3 su vista escribiendo folletos en defensa de la ejecuci\u00f3n del rey por el Parlamento. Dice Milton que la perdi\u00f3 voluntariamente, defendiendo la libertad; habla de esa noble tarea y no se queja de estar ciego: piensa que ha sacrificado su vista voluntariamente y recuerda su primer deseo, el de ser un poeta. Se ha descubierto en la Universidad de Cambridge un manuscrito en el cual hay muchos temas que Milton se hab\u00eda propuesto, cuando era joven, para la ejecuci\u00f3n de un gran poema.<\/p>\n<p>\u00abQuiero legar algo a las generaciones venideras que \u00e9stas no dejen caer f\u00e1cilmente\u00bb, declara. Ya hab\u00eda anotado unos diez o quince temas, entre ellos uno que escribi\u00f3 sin saber que lo hac\u00eda de modo prof\u00e9tico. Ese tema era Sans\u00f3n. \u00c9l no sab\u00eda por entonces que su destino ser\u00eda de alg\u00fan modo el de Sans\u00f3n, y que Sans\u00f3n, as\u00ed como profetiz\u00f3 a Cristo en el Antiguo Testamento, lo profetiz\u00f3 a \u00e9l con m\u00e1s precisi\u00f3n. Una vez que se supo ciego, emprendi\u00f3 dos obras hist\u00f3ricas: una Historia de Moscovia y una Historia de Inglaterra, que quedaron inconclusas. Y luego el largo poema El Para\u00edso perdido. Busc\u00f3 un tema que pudiera interesar a todos los hombres y no solamente a los ingleses. Ese tema fue Ad\u00e1n, nuestro padre com\u00fan.<\/p>\n<p>Pasaba buena parte de su tiempo solo, compon\u00eda versos y su memoria se hab\u00eda acrecentado. Pod\u00eda tener cuarenta o cincuenta endecas\u00edlabos blancos en la memoria y luego los dictaba a quienes ven\u00edan a visitarlo. As\u00ed compuso el poema. Record\u00f3 y pens\u00f3 en el destino de Sans\u00f3n, tan parecido al suyo, porque ya Cromwell hab\u00eda muerto y hab\u00eda llegado la hora de la Restauraci\u00f3n. Milton fue perseguido y pudo ser condenado a muerte por haber justificado la ejecuci\u00f3n del rey. Pero Carlos II \u2014hijo de Carlos I \u00abEl Ejecutado\u00bb\u2014, cuando le trajeron la lista de los condenados a muerte, tom\u00f3 la pluma y dijo, no sin nobleza: \u00abHay algo en mi mano derecha que se niega a firmar una sentencia de muerte\u00bb. Milton se salv\u00f3, y muchos otros con \u00e9l.<\/p>\n<p>Escribi\u00f3 entonces el Samson Agonistes. Quiso hacer una tragedia griega. La acci\u00f3n ocurre en un d\u00eda, el \u00faltimo d\u00eda de Sans\u00f3n, y Milton pens\u00f3 en el parecido de los destinos, ya que \u00e9l, como Sans\u00f3n, hab\u00eda sido el hombre fuerte finalmente vencido. Estaba ciego. Y escribi\u00f3 aquellos versos que siempre, seg\u00fan Landor, suelen puntuarse mal, y que realmente tendr\u00edan que ser: \u00abEyeless, in Gaza, at de mill, with the slaves\u00bb: \u00abCiego, en Gaza (Gaza es una ciudad filistea, una ciudad enemiga), en la noria, con los esclavos\u00bb. Es como si las desdichas fueran acumul\u00e1ndose sobre Sans\u00f3n.<\/p>\n<p>Milton tiene un soneto en el que habla de su ceguera. Hay una l\u00ednea que se ve que est\u00e1 escrita por un ciego. Cuando tiene que describir el mundo, dice: \u00abIn this dark world and wide\u00bb, \u00abEn este mundo oscuro y ancho\u00bb, que es precisamente el mundo de los ciegos cuando est\u00e1n solos, porque caminan buscando apoyo con las manos extendidas. Aqu\u00ed tenemos un ejemplo (mucho m\u00e1s importante que el m\u00edo) de un hombre que se sobrepone a la ceguera y que ejecuta su obra: El Para\u00edso perdido, El Para\u00edso recuperado, Samson Agonistes, los mejores sonetos que escribi\u00f3, parte de la Historia de Inglaterra, desde los or\u00edgenes hasta la conquista normanda. Todo lo ejecuta siendo ciego y teniendo que dictarlo a gente casual.<\/p>\n<p>El bostoniano y aristocr\u00e1tico Prescott fue ayudado por su mujer. Un accidente, cuando era estudiante de Harvard, le hizo perder un ojo y quedar casi ciego del otro. Decidi\u00f3 que su vida estar\u00eda dedicada a la literatura. Estudi\u00f3, aprendi\u00f3 las literaturas de Inglaterra, Francia, Italia, Espa\u00f1a. La Espa\u00f1a imperial le hizo dar con su mundo, el que conven\u00eda a su r\u00edgido rechazo de los d\u00edas republicanos. De erudito se convirti\u00f3 en escritor, y a su mujer, que le le\u00eda, le dict\u00f3 las historias de la conquista de M\u00e9xico y del Per\u00fa, del reinado de los Reyes Cat\u00f3licos y de Felipe II. Fue una tarea feliz, casi impecable, que le demand\u00f3 m\u00e1s de veinte a\u00f1os.<\/p>\n<p>Hay dos ejemplos que est\u00e1n m\u00e1s cerca de nosotros. Uno ya lo he mencionado, el de Groussac. Groussac ha sido olvidado con injusticia. La gente lo ve ahora como un franc\u00e9s intruso en este pa\u00eds. Se dice que su obra hist\u00f3rica ha caducado, que ahora se dispone de mejor documentaci\u00f3n. Pero se olvida que Groussac, como todo escritor, escribi\u00f3 dos obras: una, el tema que se propuso; otra, la manera en que lo ejecut\u00f3. Aparte de dejarnos su obra hist\u00f3rica y cr\u00edtica, Groussac renov\u00f3 la prosa espa\u00f1ola. Alfonso Reyes, el mejor prosista de lengua espa\u00f1ola en cualquier \u00e9poca, me dijo: \u00abGroussac me ha ense\u00f1ado c\u00f3mo debe escribirse el espa\u00f1ol\u00bb. Groussac se sobrepuso a su ceguera y dej\u00f3 algunas de las mejores p\u00e1ginas en prosa que se han escrito en nuestro pa\u00eds. Siempre me place recordarlo.<\/p>\n<p>Recordemos otro ejemplo m\u00e1s famoso que el de Groussac. En James Joyce se da tambi\u00e9n una obra doble. Tenemos esas dos vastas y por qu\u00e9 no decirlo ilegibles novelas que son Ulises y Finnegans Wake. Pero es la mitad de su obra (que incluye bellos poemas y el admirable Retrato del artista adolescente). La otra mitad y quiz\u00e1 la m\u00e1s rescatable \u2014como se dice ahora\u2014 es el hecho de que tom\u00f3 el casi infinito idioma ingl\u00e9s. Ese idioma que estad\u00edsticamente supera a todos los dem\u00e1s y que ofrece tantas posibilidades para el escritor, sobre todo de verbos muy concretos, no fue bastante para \u00e9l. Joyce, el irland\u00e9s, record\u00f3 que Dubl\u00edn hab\u00eda sido fundado por los vikingos daneses. Estudi\u00f3 noruego, le escribi\u00f3 una carta en noruego a Ibsen, y luego estudi\u00f3 griego, lat\u00edn\u2026 Supo todos los idiomas y escribi\u00f3 en un idioma inventado por \u00e9l, un idioma que es dif\u00edcilmente comprensible pero que se distingue por una m\u00fasica extra\u00f1a. Joyce trajo una m\u00fasica nueva al ingl\u00e9s. Y dijo valerosamente (y mendazmente) que \u00abde todas las cosas que me han sucedido creo que la menos importante es la de haberme quedado ciego\u00bb. Ha dejado parte de su vasta obra ejecutada en la sombra: puliendo las frases en su memoria, trabajando a veces una sola frase durante todo un d\u00eda y luego escribi\u00e9ndola y corrigi\u00e9ndola. Todo en medio de la ceguera o de per\u00edodos de ceguera. An\u00e1logamente, la impotencia de Boileau, de Swift, de Kant, de Ruskin y de George Moore fue un melanc\u00f3lico instrumento para la buena ejecuci\u00f3n de su obra; lo mismo cabe afirmar de la perversi\u00f3n, cuyos beneficiarios, ahora, se encargan de que nadie ignore sus nombres. Dem\u00f3crito de Abdera se arranc\u00f3 los ojos en un jard\u00edn para que el espect\u00e1culo de la realidad exterior no lo distrajera; Or\u00edgenes se castr\u00f3.<\/p>\n<p>He enumerado suficientes ejemplos; algunos tan ilustres que me da verg\u00fcenza haber hablado de mi caso personal; salvo por el hecho de que la gente siempre espera confidencias y yo no tengo por qu\u00e9 negarle las m\u00edas. Aunque, desde luego, parece absurdo poner mi nombre junto a los nombres que he tenido ocasi\u00f3n de recordar.<\/p>\n<p>He dicho que la ceguera es un modo de vida, un modo de vida que no es enteramente desdichado. Recordemos aquellos versos del mayor poeta espa\u00f1ol, fray Luis de Le\u00f3n:<\/p>\n<p>Vivir quiero conmigo,<\/p>\n<p>gozar quiero del bien que debo al cielo,<\/p>\n<p>a solas sin testigo,<\/p>\n<p>libre de amor, de celo,<\/p>\n<p>de odio, de esperanza, de recelo.<\/p>\n<p>Edgar Allan Poe sab\u00eda de memoria esta estrofa.<\/p>\n<p>Para m\u00ed, vivir sin odio es f\u00e1cil, ya que nunca he sentido odio. Pero vivir sin amor creo que es imposible, felizmente imposible para cada uno de nosotros. Sin embargo, el principio \u00abvivir quiero conmigo \/ gozar quiero del bien que debo al cielo\u00bb: si aceptamos que en el bien del cielo puede estar la sombra, entonces, \u00bfqui\u00e9n vive m\u00e1s consigo mismo? \u00bfQui\u00e9n puede explorarse m\u00e1s? \u00bfQui\u00e9n puede conocerse m\u00e1s a s\u00ed mismo? Seg\u00fan la sentencia socr\u00e1tica, \u00bfqui\u00e9n puede conocerse m\u00e1s que un ciego?<\/p>\n<p>El escritor vive, la tarea de ser poeta no se cumple en determinado horario. Nadie es poeta de ocho a doce y de dos a seis. Quien es poeta lo es siempre, y se ve asaltado por la poes\u00eda continuamente. De igual modo que un pintor, supongo, siente que los colores y las formas est\u00e1n asedi\u00e1ndolo. O que un m\u00fasico siente que el extra\u00f1o mundo de los sonidos \u2014el mundo m\u00e1s extra\u00f1o del arte\u2014 est\u00e1 siempre busc\u00e1ndolo, que hay melod\u00edas y disonancias que lo buscan. Para la tarea del artista, la ceguera no es del todo una desdicha: puede ser un instrumento. Fray Luis de Le\u00f3n dedic\u00f3 una de sus odas m\u00e1s bellas a Francisco Salinas, m\u00fasico ciego.<\/p>\n<p>Un escritor, o todo hombre, debe pensar que cuanto le ocurre es un instrumento; todas las cosas le han sido dadas para un fin y esto tiene que ser m\u00e1s fuerte en el caso de un artista. Todo lo que le pasa, incluso las humillaciones, los bochornos, las desventuras, todo eso le ha sido dado como arcilla, como material para su arte; tiene que aprovecharlo. Por eso yo habl\u00e9 en un poema del antiguo alimento de los h\u00e9roes: la humillaci\u00f3n, la desdicha, la discordia. Esas cosas nos fueron dadas para que las transmutemos, para que hagamos de la miserable circunstancia de nuestra vida, cosas eternas o que aspiren a serlo.<\/p>\n<p>Si el ciego piensa as\u00ed, est\u00e1 salvado. La ceguera es un don. Ya he fatigado a ustedes con los dones que me dio: me dio el anglosaj\u00f3n, me dio parcialmente el escandinavo, me dio el conocimiento de una literatura medieval que yo habr\u00eda ignorado, me dio el haber escrito varios libros, buenos o malos, pero que justifican el momento en que se escribieron. Adem\u00e1s, el ciego se siente rodeado por el cari\u00f1o de todos. La gente siempre siente buena voluntad para un ciego.<\/p>\n<p>Quiero concluir con un verso de Goethe. Mi alem\u00e1n es deficiente, pero creo poder recuperar sin demasiados errores esas palabras: \u00abAlles Nahe werde fern\u00bb, \u00abtodo lo cercano se aleja\u00bb. Goethe lo escribi\u00f3 refiri\u00e9ndose al crep\u00fasculo de la tarde. Todo lo cercano se aleja, es verdad. Al atardecer, las cosas m\u00e1s cercanas ya se alejan de nuestros ojos, as\u00ed como el mundo visible se ha alejado de mis ojos, quiz\u00e1 definitivamente.<\/p>\n<p>Goethe pudo referirse no s\u00f3lo al crep\u00fasculo sino a la vida. Todas las cosas van dej\u00e1ndonos. La vejez tiene que ser la suprema soledad, salvo que la suprema soledad es la muerte. Tambi\u00e9n \u00abtodo lo cercano se aleja\u00bb se refiere al lento proceso de la ceguera, del cual he querido hablarles esta noche y he querido mostrar que no es una total desventura. Que debe ser un instrumento m\u00e1s entre los muchos, tan extra\u00f1os, que el destino o el azar nos deparan.<\/p>\n<hr \/>\n<p>&nbsp;Publicado por AiSUR<\/p>\n<\/blockquote>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Entre los grandes escritores ciegos de la humanidad destacan Homero,&nbsp; Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s y Jorge Luis Borges. 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